Padre Martín Mendoza Críales, SDB.
Rector

Nuevamente en palabras del Papa y en clave del Aguinaldo Salesiano para este 2025, nos dice el Santo Padre: “Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad”. (Bula de convocación del Jubileo Ordinario del año 2025, 9 de mayo del 2024).

Nos preguntamos entonces: ¿Qué debe ofrecer la Acción Educativo Pastoral para responder a este deseo esperanzador, que, pese a los altibajos propios de la vida, tiende y busca de manera innata a la felicidad? (esta idea será el eje de este año) ¿cuál? Ser Felices

Recordemos que la Pastoral Salesiana es una forma de trabajo y apostolado que se centra en la educación y la evangelización de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, y sus familias, así como los laicos que integran la CEP. Retomemos tres características que hacen que nuestra pastoral sea diferente y eficaz, para reflexionar luego, ¿cómo esta gestión puede aportar al camino de búsqueda de la felicidad a partir de la renovación de la esperanza?.

1.Tenemos una Pastoral Preventiva: La Pastoral Salesiana se basa en el principio de la Prevención, buscando evitar que las personas caigan en situaciones negativas o peligrosas. Se enfoca en la formación integral a través de la educación, la atención personalizada y el acompañamiento constante. Esta Acción preventiva, debe nacer de un trabajo conjunto entre todos los actores del sistema educativo, esto es, de las familias y cuidadores, que no pueden desatender su primera responsabilidad como garantes de los menores, debe incluir a los docentes, que no agotan su cuidado en los muros del colegio, debe aplicarse en la orientación de la conducta de cada uno de nuestros colaboradores y estudiantes, recordando el adagio que reza: “todo me es permitido, pero no todo me conviene”.

  • Pista efectiva para pensar y ejecutar la “acción feliz”, que puede orientarse por los siguientes 5 consejos o recomendaciones que pretenden animar nuestras Acciones
    Pastorales y para las cuales pedimos apoyo de las familias y los cuidadores:

Prevención como clave para la paz interior – 1: Al igual que la pastoral preventiva busca evitar situaciones de riesgo, en la vida personal también podemos aplicar este principio. La felicidad no solo se construye evitando problemas, sino también tomando decisiones sabias y reflexivas. Si cultivamos hábitos saludables, evitamos relaciones tóxicas y no nos dejamos llevar por impulsos destructivos, estamos construyendo un camino hacia una vida más plena y feliz.

Responsabilidad personal y colectiva – 2: La felicidad no es un estado aislado, sino que está influenciada por nuestro entorno, lo que refleja, que el bienestar de cada individuo depende también de cómo nos relacionamos y nos apoyamos entre todos. A nivel personal, la felicidad se ve favorecida cuando tomamos responsabilidad por nuestras decisiones y contribuimos positivamente al bienestar de los demás.

Educación integral y autocuidado – 3: La pastoral salesiana promueve una formación integral, que no solo abarca los conocimientos académicos, sino también el desarrollo moral, emocional y social. De manera similar, la felicidad se encuentra en un equilibrio entre el crecimiento intelectual, el cuidado de nuestras emociones y el cultivo de relaciones saludables. Cuidar todas las dimensiones de nuestra vida (física, emocional, intelectual, espiritual) nos lleva a una felicidad más completa.

Tomar decisiones con conciencia- 4: “Todo me es permitido, pero no todo me conviene” eslogan que nos invita a tomar decisiones conscientes y éticas. Muchas veces, la búsqueda de la felicidad puede verse obstruida por decisiones impulsivas o desmedidas, que nos llevan a cortos placeres momentáneos, pero que no contribuyen a nuestra paz y satisfacción a largo plazo. Reflexionar antes de actuar y considerar las consecuencias de nuestras decisiones puede evitar problemas que nos alejan de la verdadera felicidad.

Acompañamiento y apoyo constante – 5: Así como la pastoral preventiva enfatiza el acompañamiento constante para guiar a las personas, la búsqueda de la felicidad también requiere de un apoyo emocional continuo, ya sea de la familia, amigos, mentores o terapeutas. El sentir que no estamos solos en nuestro viaje, y que tenemos alguien a quien recurrir, es fundamental para enfrentar los desafíos de la vida y mantenernos en el camino de la felicidad.

2. La Propuesta Pastoral Salesiana, se basa además, en la facilitación de un ambiente, en este caso, un Ecosistema Salesiano, que se extiende a las familias, a las aulas, a las calles, a los patios, a los entornos digitales, a los sitios de trabajo, a las oficinas, a los talleres, espacios todos; en los que se cultiva la espiritualidad, como dimensión trascendente del ser humano, que constantemente se pregunta por el sentido y significado de su existencia, que diariamente enfrenta crisis y situaciones de bienestar, y que en todos los casos, se constituye como una “- roca – sobre la que cada uno edifica su ser”.

  • Pista efectiva para comprender que la pastoral como ambiente, como ecosistema, debe permitir que cada uno de los miembros de la CE se encuentre en un lugar y con unas condiciones que le permitan desplegar su proyecto vital y en esa realización individual y comunitaria experimentar la “vida feliz”. Pista – 6

3. Tenemos una Pastoral inspirada en el Amor educativo: Don Bosco enseñaba que el amor es la base de la educación. La Pastoral Salesiana se basa en el amor y el respeto hacia los jóvenes, tratándolos como personas dignas de confianza y valorando sus capacidades y talentos. Es un amor sano y equilibrado que busca la realización integral de la persona. Cuando los Salesianos decimos que “educar es cosa del corazón”, estamos recuperando la noción humanista de los currículos simplemente inspirados en el “saber hacer”; para nosotros por tanto, es importante el “saber saber”, el “saber hacer”, el “saber sentir”, pero sobre todo el “saber ser”.

  • Pista efectiva para comprender que la búsqueda y la esperanza en la felicidad implica un trabajo constante en la propia “inteligencia emocional” y en la “salud mental”. Labor que se hace a nivel individual, pero que se perfecciona, en el reconocimiento del “otro” y el acercamiento cotidiano que cultiva pacientemente las relaciones que establecemos con los otros seres humanos o incluso con los seres vivos no humanos (máscotas, reino animal, reino vegetal).

La importancia del amor y el respeto en las relaciones – 7: En la búsqueda de la felicidad, cultivar relaciones basadas en el amor y el respeto mutuo es esencial. Las relaciones que nos rodean, ya sean familiares, amistosas, románticas o laborales, deben ser fundamentadas en la confianza y el aprecio por las cualidades de los demás. Este tipo de relaciones nos permiten experimentar una felicidad más profunda y estable, porque están basadas en un afecto genuino y saludable. En el que sin invadir la otredad se acompaña al yo.

La importancia del amor y el respeto en las relaciones – 7: La pastoral salesiana hace énfasis en el “saber saber”, “saber hacer”, “saber sentir” y especialmente el “saber ser”. Este enfoque integral de la educación refleja la necesidad de un equilibrio entre el intelecto, las emociones y el ser auténtico. Para alcanzar la felicidad, no solo debemos centrarnos en el conocimiento o el logro material, sino también en el desarrollo emocional y la autenticidad de nuestra persona. La felicidad viene de ser fieles a nosotros mismos, de entender nuestras emociones y de buscar un propósito que conecte nuestras habilidades con nuestros valores.

La importancia del amor y el respeto en las relaciones – 7: La consigna “educar es cosa del corazón” subraya que el corazón no solo está relacionado con las emociones, sino también con la sabiduría y la empatía. Si tratamos de “educar” nuestras vidas y nuestras decisiones desde un lugar de compasión y conciencia, nuestra felicidad será más genuina. Es importante no solo aprender a hacer las cosas, sino también a sentirlas profundamente y a vivirlas con sentido y emoción. Esta integración de corazón e inteligencia es clave para una vida feliz y significativa y nos lleva a pensar la dimensión del “sentir” no sólo en el currículo sino en todo lo que hacemos y dejamos de hacer, pues es evidente, que las emociones explican nuestras conductas y condicionan nuestras decisiones.

La importancia del amor y el respeto en las relaciones – 7: El amor educativo de Don Bosco no es solo un amor incondicional, sino también un amor equilibrado que busca el desarrollo pleno de la persona. En la búsqueda de la felicidad, es crucial aprender a amarnos a nosotros mismos de manera equilibrada, no de forma egoísta ni auto-destructiva, sino con un amor que nos impulse a crecer y a ser mejores. La felicidad no se encuentra en la complacencia personal ni en la búsqueda de perfección, sino en el amor saludable hacia uno mismo, que nos permite aceptar nuestras limitaciones y valorar nuestros logros.

La importancia del amor y el respeto en las relaciones – 7: Don Bosco enseñaba a valorar las capacidades y talentos de los jóvenes, lo que nos lleva a reflexionar sobre la importancia de reconocer y potenciar nuestros propios talentos en la búsqueda de la felicidad. La felicidad también radica en la realización de nuestras propias potencialidades. Al igual que se debe reconocer el valor de los demás, es importante reconocer el propio, utilizando nuestras habilidades para contribuir al bienestar común y a nuestro crecimiento personal. Este ejercicio constante de valoración nos involucra a todos.

Este año, el Aguinaldo del Rector Mayor nos invita a cultivar la esperanza como camino a la felicidad, pero ¿Cómo entender esta aspiración y cómo hacerla efectiva en el trabajo educativo pastoral a la luz de las 11 pistas o consejos que hemos propuesto?

La felicidad es un concepto tan complejo como profundamente deseado, y a menudo escurridizo. En tiempos de incertidumbre, como los que estamos viviendo actualmente, puede parecer un ideal lejano o incluso inalcanzable para muchos. El hombre moderno o posmoderno, atrapado en un mundo saturado de información y constante cambio, a menudo se enfrenta a dudas existenciales y escépticas sobre la posibilidad misma de ser feliz. Sin embargo, esta misma incertidumbre puede ser la oportunidad para explorar lo que realmente significa la felicidad y por qué está estrechamente relacionada con la esperanza.

La felicidad: una búsqueda compleja

La felicidad ha sido un tema central en la filosofía, la religión y la psicología a lo largo de la historia. Aristóteles, en su obra Ética a Nicómaco, define la felicidad como “el bien supremo”, un estado de florecimiento o eudaimonía que se alcanza cuando vivimos de acuerdo con nuestra naturaleza más alta, es decir, cuando cultivamos virtudes y alcanzamos un equilibrio en nuestras vidas. La felicidad, para Aristóteles, no es un estado pasivo, sino una actividad continua del vivir, de acuerdo al cumplimiento virtuoso de la función o el rol que debemos ocupar.
Sin embargo, hoy en día la concepción de la felicidad ha evolucionado. En el contexto contemporáneo, la felicidad se ha convertido en un tema de discusión más urgente y a veces contradictorio. En el siglo XXI, influenciados por el consumismo y la tecnología, muchos han caído en la trampa de asociar la felicidad con la acumulación de bienes materiales o el éxito personal. Esto ha generado un círculo vicioso en el que, cuanto más buscamos alcanzar la felicidad a través de logros tangibles, más nos damos cuenta de que el “tener” no es lo que nos llena. Esto es lo que el filósofo y psicólogo Erich Fromm en su obra El arte de amar describe como una “sociedad del tener” que sustituye el “ser” por la acumulación de posesiones. Fromm sostiene que la verdadera felicidad solo puede encontrarse cuando los individuos se concentran en el desarrollo de su ser interior y en las relaciones auténticas con los demás.

La esperanza como motor de la felicidad

La relación entre felicidad y esperanza es fundamental, ya que la esperanza es lo que nos impulsa a seguir buscando el bienestar a pesar de las adversidades. En tiempos de escepticismo, cuando el mundo parece cada vez más incierto, la esperanza se convierte en un faro que nos guía. La filósofa Martha Nussbaum señala que “la esperanza es la creencia de que los eventos futuros pueden ser mejores que los presentes”. Esta capacidad de imaginar un futuro mejor, a pesar de los obstáculos actuales, es una fuerza esencial para la resiliencia y la felicidad.
La esperanza, entonces, no es solo un sentimiento de optimismo pasivo. Es un motor activo que impulsa a las personas a tomar decisiones, a planificar el futuro, a invertir en relaciones, en educación y en salud. En el contexto de la psicología positiva, Martin Seligman (profesor de psicología en la Universidad de Pensilvania) ha demostrado que la esperanza es uno de los pilares fundamentales del bienestar. Según Seligman, las personas que tienen una visión esperanzadora del futuro son más resilientes ante la adversidad y más capaces de experimentar satisfacción y felicidad en su vida cotidiana.

La felicidad y el escéptico contemporáneo

El hombre moderno, influenciado por las presiones de la sociedad y las incertidumbres globales, a menudo se enfrenta a un escepticismo existencial que socava su creencia en la posibilidad de ser feliz. Sin embargo, este escepticismo no debe entenderse como un obstáculo insuperable, sino como una oportunidad para cuestionar las creencias previas sobre la felicidad y encontrar nuevas formas de concebirla.

El filósofo Albert Camus, en su El mito de Sísifo, plantea que la vida, a pesar de ser absurda y llena de sufrimiento, tiene un valor intrínseco cuando aceptamos su incertidumbre y la vivimos con autenticidad. Camus sostiene que “la lucha misma hacia las cumbres basta para llenar el corazón del hombre”. Esta idea nos invita a replantear la felicidad como un proceso dinámico, más que un destino fijo, donde la esperanza juega un papel crucial como la fuerza que nos impulsa a seguir adelante incluso en tiempos de desesperanza.

La felicidad en el contexto social: el rol de las instituciones educativas

La relación entre felicidad y esperanza no solo es un asunto individual, sino también colectivo. En un mundo cada vez más interconectado, las instituciones sociales tienen un papel importante en la construcción de un entorno propicio para que las personas puedan ser felices. Los colegios, en particular, juegan un papel clave en la formación de los jóvenes, no solo en términos de conocimientos académicos, sino también en la construcción de habilidades emocionales, sociales y éticas que les permitan encontrar su propio camino hacia la felicidad. Tarea que siendo transversal a toda acción educativa (pilar del amor salesiano), hasta tiempos muy recientes se le asigna a las IE.

Investigaciones recientes de la Universidad de Harvard, a través de la Cátedra de la Felicidad (The Science of Well-being), han demostrado que la felicidad no solo depende de los logros materiales o las circunstancias externas, sino también de las relaciones interpersonales, el sentido de pertenencia y el desarrollo de la gratitud y la resiliencia. Estos estudios sugieren que las escuelas deben ser lugares donde los estudiantes no solo aprendan a resolver problemas académicos, sino también a gestionar sus emociones, construir relaciones saludables y cultivar una visión positiva del futuro.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de su Informe Mundial de la Felicidad, ha resaltado la importancia de garantizar el bienestar subjetivo de los individuos como un derecho fundamental. El informe considera factores como la calidad de vida, la libertad, la generosidad y la confianza social como indicadores clave para medir la felicidad en las naciones. Este enfoque pone de relieve la necesidad de que las instituciones, incluidas las educativas, fomenten un ambiente en el que los individuos puedan desarrollarse de manera integral y encontrar esperanza en su potencial para mejorar y alcanzar una vida más satisfactoria.

Conclusión: El rol del colegio en la construcción de felicidad

Dado que la felicidad no es solo un estado individual, sino también un fenómeno colectivo influenciado por el entorno social, es crucial que los colegios promuevan un enfoque integral hacia el bienestar. Un colegio debe ser un espacio que no solo ofrezca formación académica, sino también el acompañamiento emocional necesario para que los estudiantes desarrollen una mentalidad de esperanza y resiliencia frente a los desafíos de la vida. Quizá esta es la lección más dura pero certera del 2024, por ello en este 2025 bajo la línea inspiradora del Aguinaldo del Rector Mayor, buscaremos empezar un camino, hacia la reflexión y construcción de la felicidad individual y colectiva.

Creemos que al garantizar que los estudiantes construyan una base sólida de bienestar, esperanza y sentido en sus vidas, los colegios están contribuyendo a una sociedad más feliz y equilibrada. Como sostienen los estudios de Harvard y la ONU, la felicidad está vinculada al desarrollo humano integral y a la creación de una cultura que valore la cooperación, la generosidad y la confianza. Por lo tanto, es responsabilidad de las instituciones educativas garantizar que sus integrantes no solo se conviertan en expertos en sus disciplinas, sino también en seres humanos plenos, capaces de encontrar la felicidad y proyectar esperanza en su futuro. En esta tarea, desde luego no estamos solos, ni podemos actuar de manera quijotesca, este propósito requiere del compromiso cotidiano de las familias y de los cuidadores, de los docentes y los administrativos y desde luego de los equipos directivos quienes están convocados a dar este primer paso y a hacerlo “ consciente y evidente” dentro de nuestros procesos y gestiones.

Finalmente, recordemos las acciones propuestas para el 2024 y hagamos evaluación de su estado actual para realizar los ajustes que proyectamos en este 2025: Como Rector propuse las siguientes Ideas y Propuestas para la Gestión Pastoral Articuladas con la Ley 1620 de 2013, con la intención de que los Equipos Pastorales, Convivenciales y de Psico – orientación, desarrollarán la Acción Pastoral de manera transversal. A continuación, presento la matriz de seguimiento y continuidad de acciones del 2024 y la proyección para el 2025:

PROPONEMOS UNA ACCIÓN PASTORAL QUE HAGA QUE LOS SUEÑOS DE FELICIDAD INDIVIDUAL SEAN UN PROYECTO Y UN LOGRO COLECTIVO